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mayo 01, 2011

3. Ramón Gómez de la Serna (Generación de 1914)


Ramón Gómez de la Serna (click aquí) Se le considera como uno de los grandes genios de las letras españolas contemporáneas. Se dedicó a todos los géneros literarios conocidos y fue el inventor de suyo: las greguerías (click aquí) (que definió como "metáforas + humor") . De sus novelas destacan: La mujer d ámbar (1927) y La Nardo (1930).


A continuación unos ejemplos de Greguerías:

Las golondrinas son los pájaros vestidos de etiqueta

Los globos de los niños van por la calle muertos de miedo.
La gallina está cansada de denunciar en la comisaría que le roban los huevos.

El sueño es un depósito de objetos extraviados.

*Busca más greguerías en tu libro o en internet.

2. José Ortega y Gasset (Generación de 1914)

José Ortega y Gasset fue un ensayista miembro de la generación de 1914. Es la figura más importante de la generación. Su primer libro se titula: Las meditaciones del Quijote. Es muy célebre la frase acuñada en ese ensayo: "Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". Dentro de sus ensayos (el ensayo fue el género representativo de esta generación) puede observarse un gran esfuerzo por el análisis y el pensamiento, en conjunto con la utilización del lenguaje literario. Hizo estudios sobre la historia y los comportamientos de la sociedad. 

*Consulten en su libro el ensayo Meditaciones del Quijote.

1. Juan Ramón Jiménez (Generación de 1914)


IMPORTANTE: Juan Ramón Jiménez fue un poeta miembro de la generación de 1914, también llamada GENERACIÓN DEL NOVECENTISMO. Se le considera el fundador de la poesía moderna en España.  A diferencia de otros poetas de esa generación y las anteriores, aportó el estilo de la prosa poética.  Una de sus obras más importantes fue el libro Platero y yo, donde  redacta con ese estilo. 

Fragmento de Platero y yo: 

Platero y yo (fragmento)

" En el arroyo grande que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despachaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores. Acaricié a Platero y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Lo obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero y les subió la cuesta. ¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas. Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra a Platero, como premio áureo. "

Tomado del sitio El poder de la palabra. URL: http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1868